Con una escenografía bien lograda y unas actuaciones de primera, llegó a las tablas de la Sala Ravelo del Teatro Nacional “Buenas noches, Mamá”, protagonizada por la veterana María Castillo y la ganadora del Soberano a mejor actriz de cine Judith Rodríguez.

La obra norteamericana de Marsha Norman y ganadora del Premio Pulitzer Drama 1984, te transporta a un escenario familiar entre una madre y su hija (Jessi), y te convierten en la vecina de al lado que observa por la ventana una escena muy particular de un sábado en la noche.  Jessi ha tomado una decisión y de forma muy amena, organiza todo para llevarla a cabo.

Es curioso como dos personajes en una habitación transmiten tantos sentimientos y emociones, donde en un momento te hacen reír a carcajadas y en el otro te ponen a  pensar en las tristes realidades de la vida, eso es lo que logran tanto Rodríguez como Castillo con sus actuaciones, en ese momento no lo sientes actuado, forma parte de la realidad.

Las actrices María Castillo y Judith Rodríguez interpretan a Thelma y Jesse en “Buenas noches, mamá”. FE

Castillo en su doble papel de actriz y directora es la firme prueba de destreza y experiencia escénica que eleva el teatro nacional y Rodríguez con su juventud versátil tiene un don excepcional para convencerte de que las razones de Jessi son suficientes para llevar acabo su decisión.

Con unos diálogos que te atrapan al pasar de lo serio y cotidiano a lo complejo y distante,  hacen de esta obra una pieza imperdible para todo el que desea apreciar buen teatro. Con su humor oscuro y temas que reflejan la soledad y la prisión en la que a veces nos encontramos una madre y su hija nos muestran su realidad y el deseo de libertad.

La escenografía de Fidel López es otro de los temas a destacar de la obra, una pieza que cuida cada detalle, desde una estufa encendida hasta la llave del fregadero de la cocina, haciendo que estos sutiles  complementos te hagan sentir en una casa de verdad.

Esta obra es un conjunto de fragmento que abarcan desde un excelente dialogo, maravillosas actuaciones, una escenografía de calidad, un  buen juego de luces y el vestuario y peinado que dan la talla para lo que  exige la trama de la obra.

La pieza sigue hasta el 27 de mayo en la Sala Ravelo del Teatro Nacional a las 8:30 p.m., de jueves a domingo.

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