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El nombre Diógenes Valdez aparte de otros epítetos maravillosos, es sinónimo de música. Por tal razón nos sentimos muy indignados cuando camino al cementerio no estaba la Banda de Música Municipal delante del carro fúnebre. Luego nos sentimos un poco aliviados cuando en una esquina de la Avenida Constitución vimos a los bailarines y músicos el Ballet Folklórico de San Cristóbal con pancartas expresando su dolor por el deceso de nuestro querido amigo: “Al músico se despide y se le recuerda con su música”; pues  “a  Cesar lo que es Cesar”.

Diógenes Valdez lloraba escuchando opera; amaba a María Callas. Su casa era un homenaje a la música y la pintura. Dejó dispersos algunos artículos relacionados con el tema y era agradable escucharlo hablar sobre el mismo. Es valioso decir que la afición por la música se debe, como el mismo nos contó en varias ocasiones, por el impacto que tuvo al leer  el cuento “El perseguidor” de Julio Cortázar y la influencia de un familiar que le gustaba la opera. Amor que dejó reflejado en su narrativa. Señalamos algunos de esos trabajos:

En su primer libro de cuentos “El silencio del Caracol” (Premio Anual de Cuento José Ramón López, 1978) con el cual Valdez –como dice el narrador y critico José Alcántara Almánzar– “demostró sus dotes de escritor en sintonía con las nuevas corrientes literarias de nuestra América.

Era un puñado de cuentos singulares con claros perfiles de modernidad, que definían su orbe narrativo, en que la imaginación entra en la esfera de lo fantástico, cincelada a base de una prosa segura y ágil”; encontramos dos cuentos que se relacionan con la música: “Un hombre con un clavel muy rojo en la garganta” y “Otra vez Schumann”.
En “Un hombre con un clavel muy rojo en la garganta” –trabajo que se relaciona con  “La dama de las camelias” de Alejandro Dumas– el tema de la música se encuentra escamoteado o diluido. Veamos fragmentos del mismo: “…entonces es cuando advierte la figura extraña de Violeta, sus ojos duermen en el negro pelo que techa su cabeza, su voz se hace estridente en medio del silencio que se anida en su pecho, piensa en una nueva conquista, no prevé el destino invertido de las cosas, como no lo previó Dumas, ni Piave, ni más tarde Verdi…”.

En “Otra vez Schumann”, el tema está más claro que en el anterior, lo podemos advertir desde su titulo. Veamos un fragmento: “- ¡Schumann!… ¡Me quieres volver loco con la música de Schumann! ¡A él pudiste engañarlo con su propia música, pero no lo vas a lograr conmigo. Antes prefiero la muerte!”.

Diógenes Valdez continua entregándonos en su narrativa temas relacionados con la música, especialmente con “El cisne enfermo”, (la novela de la voz) Premio de Novela de la Universidad Central del Este, UCE, 2004, de la que dijo Manuel Mora Serrano, quien fue jurado del premio, que se trataba de la mejor novela escrita por Valdez.

En el año 2012 Diógenes Valdez publica, con el apoyo del Ministerio de Cultura, el libro  de cuentos “Todo por culpa de Lensky”. El mismo es un maravilloso homenaje a  la opera y al tango. Otro aspecto interesante de este libro, es su prólogo, que por su contenido didáctico le sugerimos a Valdez que lo incluyera en la nueva edición –que creemos que quedó en imprenta– de su libro “El arte de escribir cuentos”. Veamos  un fragmento de dicho prólogo:

Hay cuentos que tienen la sabiduría popular en sus orígenes y por tanto, nacieron para ser contados y a través de la palabra hablada; estos son los llamados “cuentos orales”. La mayoría en cambio, han surgido del intelecto y son tenidos en cuenta solo cuando aparecen publicados en algún medio de comunicación escrito o son recogidos en forma de libros. A estos se los denomina cuentos literarios: Aunque unos y otros existen para ser contados, hay algunos que de manera especial fueron creados para ser cantados y se les conoce con el nombre de libretos operáticos.

Que maravilloso es conocer por lo menos un poco, sobre lo que fue, después de la literatura, el arte que más satisfacción le dio a Diógenes Valdez, y con ello comprender un poco más su rica narrativa, el valioso legado que nos dejó.

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