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Cada vez que alguien me dice: “No te quites tu afro/ pajón/ greña/ rizos porque te da personalidad” volteo los ojos y los dejo en blanco. No sé cómo explicarle a la gente que mi personalidad no está en mi cabello, en su textura o en su color, mi personalidad da lugar a mi cabello, mi personalidad me permite llevar sin tabúes un estilo y nunca es al revés.

Mi personalidad, mi esencia, mi ser no se definen por el tipo de cabello que elijo llevar. Mi cabello no me hace lo que soy, lo que soy se construye en el constante rompimiento de tabúes que vengo enfrentando desde niña al ser criada en una sociedad con un racismo hacia sí misma tan marcado.

No culpo a mi Mamá, que tiene un hermoso pelo gris ondulado a la cintura, por usar terminologías como “moño malo, moño bueno, cacata, entre otros” porque nunca me hizo sentir que por no tener el pelo como ella dejaba de ser hermosa. Al contrario, le agradezco que me enseñara que el valor de una mujer va más allá de su apariencia, del “cuerpazo y las piernotas” y que la inteligencia y audacia eran accesorios más hermosos en una mujer. En dado caso, ella también estaba condicionada socialmente.

Viví, como miles de mujeres en República Dominicana, una adolescencia condicionada por los estándares de belleza que vemos en los medios 90-60-90, pelo lacio a la cintura y ser la única en mi casa con “moño malo” ¿Acaso le hizo algo a alguien?… Me costó mucho romperme a mi misma y todo el condicionamiento recibido a través de la lectura y el conocimiento de otras sociedades.

Mi cabello no me da personalidad, mi personalidad da lugar a mi cabello

Aprendí a cambiar los paradigmas de mi vida. Fue difícil comprender en un principio que no todo lo que quiere inculcarte la sociedad es bueno y válido. Aprendí que no necesito hacer cosas para encajar en una sociedad que no termina de encajarse a sí misma. Que amarse como uno es sin importarte el qué dirán te hace libre.

Lo más difícil fue hacer que todo me resbale. He visto como muchas amigas terminan seriamente afectadas por comentarios hacia su persona cuando deciden dejar su pelo natural. Les diré lo que me digo a mi misma y les digo a ella sobre el alisado: Más vergüenza debería darnos tratar a toda costa de ocultar la verdadera textura de nuestro pelo que, dicho sea de paso, es hermoso. ¿Qué vergüenza hay en amarse como una realmente es?”

Cuando alguien me hace un comentario según su criterio despectivo sonrío, porque mientras mas alto su nivel de ignorancia mayor será el reverendo disparate que diga. Así que me dan igual las terminologías con acepciones negativas, yo elijo qué me ofende y qué no. Que me digan haitiana, greñua, que cacata o si tengo un nido en la cabeza me tiene sin cuidado. La gente realmente educada no insulta, ni se mete, tolera. 

De todos modos quería aclarar que mi cabello no me da personalidad, mi personalidad da lugar a mi cabello. Mi personalidad estrambótica, única, que racionaliza los prejuicios culturales a los que asiste, me permite andar feliz con el look que me acomode.

Dicho todo esto, lleva tu cabello como te de la gana… Es tuyo, tu vida es tuya y eso no te hace mejor o peor persona.

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